Restauración ambiental urbana: investigación transdisciplinaria sobre la naturaleza urbana próxima desde la psicología ambiental
Cómo citar: Villalpando-Flores, A. (2025).
Restauración ambiental urbana: investigación transdisciplinaria sobre la naturaleza urbana próxima desde la psicología ambiental,
URBEāctĭo, Vol. 2. Núm. 3, pp 66-82. ISSN 3061-8290.
https://doi.org/10.70207/qw70yp74
Resumen:
El presente artículo tiene como objetivo analizar el papel de la naturaleza urbana próxima en la configuración de las ciudades contemporáneas, enfatizando cómo las herramientas cualitativas provistas por la psicología ambiental aportan elementos interpretativos y analíticos al ejercicio proyectual e investigativo en arquitectura, urbanismo y paisajismo. Desde un enfoque teórico-narrativo, se revisan críticamente los principales marcos conceptuales de las teorías de la restauración ambiental, articulándolos con enfoques cualitativos de investigación. La metodología adoptada consiste en una revisión teórica integrada, con énfasis en estudios cualitativos recientes que evidencian cómo las vivencias subjetivas, la apropiación simbólica y los procesos participativos, en relación con las características del entorno diseñado, inciden en la efectividad restauradora de los espacios urbanos verdes. El artículo propone así una base conceptual transdisciplinaria que sustente una praxis proyectual sensible, inclusiva y situada.
Palabras Claves: Restauración ambiental urbana, naturaleza urbana próxima, investigación transdisciplinar, metodologías cualitativas, psicología ambiental.
Abstract:
This article analyzes the role of nearby urban nature in the configuration of contemporary cities, emphasizing how qualitative tools from environmental psychology provide interpretative and analytical insights for both design and research practices in architecture, urban planning, and landscape architecture. Through a theoretical-narrative approach, the main conceptual frameworks of environmental restoration theories are critically reviewed and articulated with qualitative research methodologies. The adopted method consists of an integrated theoretical review, with a focus on recent qualitative studies that reveal how subjective experiences, symbolic appropriation, and participatory processes—related to the characteristics of designed environments—influence the restorative effectiveness of urban green spaces. The article thus proposes a transdisciplinary conceptual foundation to support a design praxis that is sensitive, inclusive, and contextually grounded.
Keywords: Urban environmental restoration, nearby urban nature, transdisciplinary research, qualitative methodologies, environmental psychology.
Introducción
A partir de las problemáticas urbanas modernas por su crecimiento acelerado, sobre explotación de recursos naturales y las emergencias climáticas, el detrimento en la calidad de vida urbana ha expuesto la importancia de contar con espacios verdes que sean accesibles, de calidad en cuanto a diseño y naturaleza, y que promuevan comportamientos a favor del tejido social y estructura ecológica. Así, la composición de lo urbano no solo se define por su infraestructura, movilidad, asentamientos, densidad y flujos económicos (Rapoport, 1978); también permea significativamente aquello relacionado con el bienestar subjetivo como el hacinamiento, estrés urbano-ambiental, aislamiento, poca valoración estética, inhabitabilidad urbana, contaminación multifactorial, falta de arraigo, pertenencia e identidad (Moser, 2012). Y es dentro de estas consideraciones donde la función y permeabilidad de la naturaleza urbana próxima (NUP) –o áreas verdes urbanas- se hace presente a través del concepto de restauración ambiental, entendido por Hartig & Staats (2006), como un proceso de recuperación psicofisiológica donde la interacción entre las características ambientales percibidas como favorables, y los recursos psicológicos del individuo, logran una disminución de aquellos esfuerzos necesarios para cumplir con las exigencias de la vida cotidiana, logrando así alcanzar un equilibrio homeostático.
Esta realidad ha permitido que la psicología ambiental, definida por Gifford (2014) como el análisis de las transacciones entre el entorno sociofísico y la conducta humana, ayude en la construcción de un marco teórico, conceptual y metodológico para indagar y comprender cómo las personas se vinculan -conductual, social, y emocionalmente- con el entorno natural y diseñado de trascendencia socioespacial y psicológica, a partir de su uso, apropiación, interpretación y experimentación (Villalpando-Flores, 2023a). Es entonces que la idea de una ciudad restauradora ofrece un punto de partida para repensar el papel de la naturaleza urbana en el diseño de espacios que promuevan la salud mental, el equilibrio emocional y la cohesión social, donde la proximidad a la NUP sea un elemento crítico en la configuración del espacio urbano, fomentando percepciones positivas de habitabilidad, y contribuyendo al bienestar biopsicosocial individual y colectivo; con lo cual se consiguen elementos de sostenibilidad ambiental, urbana y psicológica.
En el Onceavo Objetivo de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 (ONU, 2016), se plantea la necesidad de garantizar el acceso universal a espacios verdes públicos, seguros, inclusivos y de calidad. En esa misma línea la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2016) recomienda un mínimo de 15m2 de área verde utilizable por habitante (avu/hab.), estableciendo 9m2 avu/hab., como aceptable si estos espacios se ubican a menos de 300m o 10min. a pie de zonas residenciales. Complementariamente el Instituto de Soluciones Basadas en la Naturaleza (ISBN, 2025), propone la regla 3-30-300, estableciendo que toda persona debería poder ver al menos tres árboles desde su vivienda, vivir en una colonia con al menos un 30 % de cobertura vegetal, y estar situada a una distancia máxima de 300m de un avu. Por su parte el Banco Interamericano de Desarrollo (Castro, 2021), propone una estrategia integral de infraestructura verde pública y privada como vía para mitigar los efectos del cambio climático, restaurar la biodiversidad urbana y generar condiciones equitativas de bienestar. A juicio de Villalpando-Flores (2023b), el conjunto de estos lineamientos muestra una clara tendencia hacia modelos de planificación urbana centrados en la salud pública, la justicia ambiental, la resiliencia ecológica y la vivencia subjetiva del espacio: todos ellos ejes fundamentales para transformar las ciudades.
En el contexto de la Ciudad de México, la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México (SEDEMA, 2017), establece unpromedio general de 7.5m2 avu/hab., índice pordebajo de las recomendaciones internacionales. No obstante, este déficit no se manifiesta de forma homogénea, ya que Alcaldías como Cuajimalpa, Tlalpan y Magdalena Contreras superan los 10m2 avu/hab. -debido a la presencia de suelo de conservación-, mientras que Benito Juárez, Iztacalco y Cuauhtémoc apenas alcanzan entre 2.2 y 5m2 avu/ hab. Esta disparidad revela deficiencias en la infraestructura verde, así como en la necesidad de incorporar criterios restaurativos y de equidad ambiental en la planificación y el diseño urbano, en concordancia con políticas públicas enfocadas en salud comunitaria, resiliencia ecológica y justicia espacial. Es importante subrayar que una nota oficial publicada por la SEDEMA (2024), reporta un aumento significativo en la cobertura de vegetación y calidad de suelos verdes, afirmando que en 2020 la CDMX alcanzó un promedio de 19.4m2 avu/hab. No obstante, hasta la fecha no existe documentación técnica oficial y pública que respalde dicha cifra, por lo que su validez es incierta.
En contraste, unestudio realizado porel Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad de la Universidad Iberoamericana (CENTRUS, 2020) documenta una pérdida neta de 18.7 km2 de avu entre los años 2000 y 2008, lo que representa una reducción del 19.3 % al 16.3 % del suelo urbano destinado a vegetación, atribuyéndolo al crecimiento del suelo habitacional (63.1 %), el desarrollo de equipamiento urbano (17.2 %), y la creación de espacios abiertos (11.5 %), donde el 26 % de esta pérdida correspondió a la remoción de arbolado público, equivaliendo a 4.86 km2 de cobertura vegetal eliminada. Asimismo, el estudio advierte que cerca del 60 % de las avu destruidas se ubicaban en predios privados o de uso informal, y que al menos el 43 % de las zonas arboladas carecían de planes de manejo adecuados, lo cual exhibe una carencia estructural de políticas ambientales eficaces de conservación de NUP.
Estos datos evidencian la complejidad territorial de la crisis ecológica urbana y la urgencia de integrar un enfoque restaurativo en las políticas de regeneración verde. También muestran una marcada inequidad, porque las zonas con mayor vegetación suelen coincidir con áreas de alta plusvalía, mientras que las más densamente pobladas y vulnerables sufren mayor degradación. Esta fragmentación de la naturaleza urbana representa tanto un desafío ecológico como un factor que profundiza las desigualdades sociales y el acceso a servicios ecosistémicos, afectando el bienestar y la salud pública ante una exposición desigual a riesgos ambientales y climáticos.
Dentro de este marco político, social, ambiental y psicológico, los procesos de diseño urbano-arquitectónico-paisajístico (UAP), tienen un papel clave en la creación de ciudades restauradoras al ir más allá del aumento de superficies vegetales, y buscar una integración orgánica de la NUP como eje estructural de las nuevas ciudades (Roe & McCay, 2021), bajo la premisa de que las áreas verdes bien diseñadas tienen el potencial de ser nodos restauradores, es decir, espacios de restauración emocional, interacción social y contemplación ambiental que contribuyan al bienestar urbano, tejido social y revalorización ecológica (Coreno & Villalpando-Flores, 2013). Es aquí donde la psicología ambiental entra en acción.
Más allá de sus enfoques tradicionales de medición psicométrica y posturas cuantitativas (CT) -altamente relevantes para los procesos de investigación y praxis de los campos del diseño-, la psicología ambiental aborda también la experiencia subjetiva de la NUP con metodologías de corte cualitativo (CL). De acuerdo con Seamon & Gill (2016), estas herramientas capturan la resignificación espacial, las emociones que despiertan y los vínculos sociales, permitiendo una lectura situada y contextualizada. Concebir entonces la ciudad como un entorno restaurador implica reconocer que el bienestar es un propósito central de la planificación urbana, y no un resultado colateral de las propuestas de diseño (Villalpando-Flores, 2022), evaluando la pertinencia de políticas públicas, la efectividad de la infraestructura urbana y la calidad del paisaje urbano verde desde un enfoque integral, humano, y ecológicamente sensible: una visión sostenible.
Un primer ejemplo de estas ideas es lo reportado por Schroeder (2007), quien recurrió al análisis fenomenológico de entrevistas abiertas para explorar las implicaciones de las experiencias en espacios al aire libre, encontrando que la multisensorialidad moldea la relación emocional y cognitiva con la naturaleza. Recientemente Shrestha et al. (2025) utilizaron entrevistas semiestructuradas y mapeo cognitivo para indagar la presencia de vínculos afectivos en población juvenil con la naturaleza, encontrando que existe una estrecha relación entre el bienestar emocional individual con conductas proambientales.
El objetivo de este artículo teórico mediante una revisión narrativa es analizar el papel de la naturaleza urbana próxima en la estructura de las ciudades modernas, enfatizando cómo las herramientas cualitativas provistas por la psicología ambiental, aportan elementos interpretativos y analíticos al ejercicio proyectual e investigativo en arquitectura, urbanismo y paisajismo. Este dialogo transdisciplinario busca contribuir a la comprensión y diseño de entornos urbanos que respondan a los desafíos socioambientales, espaciales, climáticos, culturales y psicológicos contemporáneos.
Representaciones simbólicas
La investigación transdisciplinaria se ha consolidado como un conjunto de herramientas esenciales en los campos de diseño para capturar la experiencia espacial vivida. Con ello, los métodos CL comprenden una diversidad de enfoques conceptuales y metodológicos orientados a analizar la vida cotidiana de las personas en sus contextos, y dentro de un tiempo y espacio determinado. Seamon & Gill (2016), argumentan que su carácter inductivo permite abordar la complejidad y ambigüedad de los significados, generando descripciones profundas que construyen teorías cimentadas en la experiencia, consiguiendo una apertura epistemológica que contrasta con las aproximaciones numéricas que operan con categorías predefinidas y marcos deductivos mediante indicadores estandarizados y de análisis estadísticos. Resulta necesario indicar que las perspectivas CT han enriquecido la relación entre la psicología ambiental y los campos del diseño UAP. De acuerdo con Churchman (2002), la inclusión de técnicas de medición de fenómenos cognitivos, perceptuales, actitudinales y comportamentales, amplían el panorama de acción del diseño UAP al considerar como eje rector la presencia humana. Ya tiempo atrás Zimring (1986), apuntaba sobre la necesidad de un acercamiento mayor de un enfoque positivista, deductivo y científico a los quehaceres académicos y prácticos de la arquitectura, urbanismo y paisajismo. De esta afirmación ya hace cuatro décadas.
Es lógico que, con el transcurso del tiempo, las evoluciones epistemológicas y el fortalecimiento del diálogo multi y transdisciplinario, el cómo responder una pregunta de investigación, y que hacer para dar solución a determinadas contingencias, cada vez más requiera del poder deductivo de datos duros y del valor inductivo de fenómenos flexibles. Así, teóricos como Rapopport (1978), Lynch (2016), Beatley (2017), avalan lo preciso de los métodos CT, mientras que Norberg-Schulz (2005), Holl (2018), y Pallasmaa (2022), apuestan por lo crítico de los métodos CL. En la Tabla 1 se presentan posicionamientos de algunos autores en arquitectura y urbanismo respecto del valor de la investigación.
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Nota: Elaboración propia
En la Tabla 1 se muestra cómo los enfoques CL destacan por su capacidad para profundizar en la experiencia humana, en función de la identidad del entorno construido y la poética del lugar, capturando su complejidad, sentido, identidad y vivencia. Por otro lado, los enfoques CT se utilizan poco a través de mediciones que permitan análisis comparativos entre categorías mutuamente excluyentes, donde se operacionalizan y comparan decisiones de planificación y diseño. Wang (2016), coincide en que la integración metodológica ofrece un enfoque riguroso y relevante para las disciplinas del diseño en su compromiso con la habitabilidad y el bienestar humano. Acercando estas ideas a los aportes de la psicología ambiental, Íñiguez & Vivas (1997), consideran que la aproximación CL permite una comprensión situacional y profunda de los procesos de intervención, reconociendo la complejidad socioambiental y la participación activa de la comunidad. De igual forma, Lloyd & Gifford (2024) mencionan que las metodologías CL tienen la capacidad de abordar temas emergentes gracias a su comprensión del contexto y sus implicaciones en el tejido social y de bienestar subjetivo.
Considerando lo anterior, existen tres posturas filosóficas cercanas a la visión CL: 1) el Realismo, donde los hechos preexisten inequívocamente y dan lugar a cualquier representación posterior, 2) el Realismo Crítico, donde los fenómenos no son representaciones relativistas y corresponden -en parte- a otras entidades, y 3) el Construccionismo Social, donde el discurso y el lenguaje representan el contexto sin constituir un entendimiento total de esa realidad (Sullivan, 2010). A partir de estos posicionamientos Seamon & Gill (2016), mencionan que existen tres grandes campos en los cuales se incrustan las metodologías CL: a) el Análisis del Discurso, estudiando cómo el lenguaje construye significados, identidades y realidades sociales de las prácticas comunicativas de contextos específicos, b) la Teoría Fundamentada, generando teorías a través de un proceso inductivo y de categorización para construir marcos teóricos emergentes desde la experiencia, y c) la Fenomenología, comprendiendo la experiencia subjetiva de las personas con énfasis en la vivencia consciente y situada de los fenómenos.
Valadez & Landa (2010), se suman a la conversación mencionando que las metodologías CL deben ser variadas -ya que los fenómenos no son estáticos-, para reflejar una dimensión holística interesada en las bases psicológicas, ideológicas y lingüísticas, y que las técnicas a utilizar dependan del diseño metodológico y del objeto de estudio. En una revisión sistemática Millán-Otero & Sierra-Barón (2022) encuentran que de 2009-2020, los temas de apego al lugar, identidad y satisfacción residencial, son los de mayor recurrencia en el análisis de dimensiones sociofísicas, mientras que la identidad urbana, representación social, preferencias ambientales, áreas verdes y diseño urbano, están ligadas al estudio de espacios públicos.
Encaminándonos a la NUP, mediante el uso de entrevistas con recorridos guiados con adultos mayores, Veitch et al. (2020) reportaron que elementos como árboles, mobiliario, fuentes de agua y zonas sombreadas, incentivan la socialización y percepción de bienestar. Con etnografía, observación no participante y encuestas, Tabassum (2025) encontró que la percepción multisensorial configura los anclajes emocionales entre la naturaleza y el bienestar psicológico. Un último ejemplo es el trabajo de Wu et al. (2025), quienes utilizaron técnicas de diseño participativo y mapas cognitivos para definir trayectorias peatonales, hallando un aumento de valores sociales y una propensión a disminuir tensiones comunitarias, lo cual beneficiaba aspectos de salud pública social percibidos. Estos resultados permiten afirmar, en concordancia con Villalpando-Flores et al. (2025), que la transformación del espacio público sirve como un vehículo de identidad colectiva que beneficia la generación de capital social saludable, y con ello una revalorización positiva del espacio público que terminará por influir en el proceso de restauración ambiental urbana.
Representaciones simbólicas
Los estudios en psicología ambiental acerca de la NUP han evidenciado que la interacción con entornos naturales mejoran el bienestar psicológico, al facilitar la recuperación de estados de agotamiento cognitivo y estrés emocional (Villalpando-Flores & Bustos-Aguayo, 2023). De acuerdo con Richard (2023), la inclusión de la NUP en el desarrollo urbano implica una reestructuración de significados, sensorialidades y vínculos socioambientales que han sido degradados a nivel natural y social. De ahí que el concepto de restauración ambiental se vincule con la estética, funcionamiento y percepción ambiental (Staats, 2023), por su incidencia en estados emocionales y atencionales.
Estas ideas se sostienen fundamentalmente en dos marcos teóricos: 1) dentro de una postura evolucionista está la Teoría de la Reducción del Estrés (TRE) (Ulrich, 1983), estableciendo que la restauración se alcanza mediante respuestas orgánicas adaptativas para hacer frente a situaciones altamente demandantes, mediante factores como la sensación de control, apertura, seguridad, perspectiva y refugio perceptual, y 2) con una postura funcionalista está la Teoría de la Restauración de la Atención (TRA) (Kaplan & Kaplan, 1989), argumentando que la restauración es resultado directo de la recuperación psicofisiológica que aumenta la capacidad de atención, considerando aspectos como coherencia, compatibilidad, alejamiento, fascinación y alcance/extensión. Es importante mencionar que la Teoría de la Motivación Estética (TME) (Berlyne, 1974), es un antecedente histórico y teórico importante para los estudios de la restauración ambiental, donde ciertas propiedades espaciales -colativas- promueven la curiosidad estética y la activación sensorial generando respuestas placenteras, juicios estéticos, y actividades sociales a través de elementos como complejidad, novedad, sorpresa, ambigüedad y conflicto.
Un estudio con población adolescente encontró que la mezcla entre el contacto con la naturaleza, la sensación de refugio y selectividad social, aumentaba la restauración ambiental (Akpinar, 2021). Aleksandrowicz & Pearlmutter (2023), reportaron que la percepción de árboles en espacios abiertos beneficia la percepción de confort térmico y valoración ambiental, aumentando la percepción de bienestar y la reducción del estrés. También se ha encontrado que la valoración estética de elementos naturales, propuesta del diseño paisajístico, y extensión de áreas verdes, influye significativamente en el decremento de respuestas fisiológicas ante eventos estresantes (Elsadek et al., 2024), mientras que Schertz et al. (2025), exponen que la percepción de coherencia espacial beneficia la comprensión global del lugar, dando lugar a la restauración y conectividad ambiental.
Estos estudios ejemplifican la diversidad de lecturas del impacto de la NUP, afirmando que el acceso a vegetación de calidad, elementos de diseño propositivos y un entendimiento claro del entorno, mejora elementos de salud física, psicológica, emocional, social y ambiental (Villalpando-Flores & Bustos-Aguayo, 2024a). En este punto se debe subrayar que la restauración ambiental se da siempre y cuando el individuo la requiera. Es decir, que sea una necesidad expedita resultado de una percepción de sobre estimulación ambiental, y que la multisensorialidad espacial tenga la capacidad de apoyar al proceso homeostático (Menatti et al., 2019). Por tanto, hablar de la TRE y TRA, es referenciar a un binomio -restauración emocional/cognitiva- donde las ciudades con NUP deben ser diseñadas para generar niveles óptimos de restauración ambiental integral.
Recientemente Hartig (2021), amplió el marco teórico conceptual de la restauración ambiental, sumando otras dos propuestas teóricas: 3) desde una postura fenomenológica la Teoría de la Restauración Relacional (TRR) donde la restauración surge a partir de la facilidad con la que se gestan vínculos afectivos dentro de un contexto natural, y 4) a partir de una postura social la Teoría de la Restauración Colectiva (TRC) planteando que la restauración es resultado de procesos comunitarios y similitudes culturales a favor del capital social y elementos identitarios con dicho entorno natural. Estas aproximaciones exploran las dimensiones simbólicas, afectivas y comunitarias de la NUP, estableciendo así que la restauración ambiental urbana debe tratarse como un fenómeno socioambiental y psicoespacial por las múltiples convergencias entre sus elementos morfológicos, identitarios, ecológicos, estéticos, funcionalistas y de salud biopsicosocial individual y colectiva.
Wolch et al. (2014), encontraron que el poder observar árboles en las aceras influía en la idea de justicia ambiental y salud pública: es decir, una ciudad con muchos árboles se percibe justa con el ambiente y preocupada por la salud al incentivar la actividad física. Por su parte Passmore & Holder (2016), hallaron mayores niveles de prosocialidad, conectividad ambiental y afectividad colectiva, cuando la percepción de bienestar era un asunto comunitario resultado de experiencias ambientales compartidas. De igual manera Yang et al. (2020), aseguran que el observar espacios verdes comunitarios puede ayudar a disminuir el ostracismo y aumentar la autoestima, lo que da pie a externalizar conductas prosociales. En la Tabla 2 se presenta una comparación de las cuatro teorías sobre restauración ambiental.

Nota: Elaboración propia con base en Hartig (2021) y Villalpando-Flores & Bustos-Aguayo (2024b).
Desde una perspectiva proyectual, es posible dar cuenta en la Tabla 2 que estas cuatro propuestas teóricas permiten identificar aquellos elementos de diseño UAP que favorecen los procesos de restauración emocional, cognitiva, relacional y colectiva. De esta manera, pautas de diseño como las alineaciones arbóreas, caminos sinuosos, fuentes, mobiliario social o cobertura vegetal densa, cumplen funciones estéticas y ecológicas, activando mecanismos restauradores concretos que mejoran las relaciones con el medio ecológico; con lo cual se modifican las connotaciones/denotaciones estéticas, y reestructura el capital social para promover conductas -futuros hábitos- a favor de la salud pública. Olivos & Clayton (2017) mencionan que contemplar árboles desde el hogar induce experiencias placenteras, mejorando la percepción de la calidad de vida de la zona. De igual forma, Collado et al. (2017) aseguran que el sentido de comunidad y la percepción del bienestar son dos indicadores de salud pública vinculados con el diseño de espacios públicos, especialmente cuando estos cuentan con elementos naturales que promuevan actividades y socialización al aire libre.
A propósito de los aspectos urbanos, Nasar (2011) asentaba que entender las reacciones emocionales y las evaluaciones cognitivas acerca de los entornos diseñados, eran pieza clave para conocer lo que se percibía del diseño, que se aprendía del emplazamiento, y como ese conocimiento emigraba a una categoría de mayor significatividad social y emocional. De esta manera aspectos de la evaluación ambiental como apertura, naturalidad, mantenimiento, historicidad, habitabilidad, complejidad y orden, son características sociofísicas y sensoperceptuales que invitan a la convergencia investigativa y de praxis entre fenómenos objetivos -diseño UAP-, y subjetivos -conducta-. En la Tabla 3 se presenta una comparación entre las teorías de la restauración ambiental con los elementos de evaluación ambiental.

Fuente: Elaboración propia.
La información desglosada en la Tabla 3, enfatiza como la TRE provee de mayor importancia a lo natural, el mantenimiento y el orden espacial, reduciendo así la activación fisiológica del estrés y generando una respuesta automática de relajación (Ulrich et al., 1991), mientras que la TRA valora la percepción de complejidad y coherencia, así como la importancia de dar lugar a una fascinación suave, el sentido de inmersión y el escape psicológico (Kaplan, 1995); tres aspectos íntimamente ligados que permiten contrarrestar la sobre estimulación ambiental/urbana y sus afecciones a la salud biopsicosocial. En cuanto a los modelos recientes, la TRR enfatiza los vínculos afectivos y sociales con el lugar, donde la historicidad y la habitabilidad se relacionan con las memorias personales y/o colectivas (Hartig, 2007), y finalmente la TRC propone que la habitabilidad colectiva, la apertura simbólica-física y el mantenimiento compartido, promueven procesos de restauración sostenidos, fomentando la cohesión y capital social (Hartig et al., 2008).
Estas relaciones evidencian que el diseño de la NUP debe integrar dimensiones biofísicas, sociales, culturales y simbólicas para abordar de manera integral los distintos tipos de restauración. Incorporar estas perspectivas en la planificación urbana permite transitar hacia un enfoque de diseño más sensible, donde la restauración no sea un efecto secundario de la experiencia ambiental, sino un objetivo explícito en la configuración espacial; recordando que esta necesidad de una reconceptualización de los procesos de configuración espacial y ambiental es uno de los elementos clave propuestos en la Agenda 2030 (ONU, 2016), para el mejoramiento de las condiciones urbanas, ambientales y psicosociales. En este contexto, Villalpando-Flores (2025b) asegura que el campo de la psicología ambiental aporta marcos teóricos y evidencia empírica relevante que enriquecen de forma sustantiva las decisiones proyectuales en arquitectura, urbanismo y paisajismo. Y en consecuencia natural, en sus métodos de investigación.
Investigación Cualitativa para el Estudio de la Naturaleza Urbana Próxima
Partiendo de que los elementos urbanos debieran ser legibles, reconocibles y memorables, Haken & Portugali (2003), investigaron que tanto de la información transmitida por la morfología y composición urbana se queda en los usuarios, hallando que la ciudad se entiende como un sistema de información con la capacidad de explicar elementos perceptuales, cognitivos y emocionales. Lewicka et al. (2019), utilizó análisis fotográfico y encuestas para medir el impacto del entorno urbano en la cotidianeidad, encontrando que la inclusión/exclusión social estaba relacionada con la historicidad, estética y multiculturalidad. De igual forma Rafiei & Gifford (2023), vincularon las emociones ambientales con experiencias subjetivas y la estructura física utilizando entrevistas abiertas y recorridos acompañados, reportando insights profundos en la interpretación del diseño.
Estos ejemplos muestran como las técnicas CL para el estudio de la NUP permiten explorar aspectos emocionales, vivenciales y simbólicos para comprender la escala de la experiencia urbano ambiental. Es así que las entrevistas y recorridos se combinan con el discurso y la percepción del entorno, para capturar sensaciones espaciales y respuestas emocionales inmediatas ante estímulos en tiempo real. Hardwike et al. (2024), encontraron mediante el uso de entrevistas a profundidad y observación participante que la iluminación y señalización, aumentan la actividad física y la percepción de salud comunitaria. Y utilizando las mismas técnicas, Zou (2025) halló que la accesibilidad, estimulación multisensorial y zonas sociales bien distribuidas, promueven el bienestar y la inclusión de grupos vulnerables. Otro elemento importante es el mapeo cognitivo, el cual facilita la visualización colectiva de los valores ambientales. Meenar et al. (2025), reportaron que las experiencias y emociones ambientales son influidas por elementos de diseño biofílico.
A escala urbana, estos elementos son importantes porque detectan patrones de movilidad, apreciación, valoración, simbologías y zonas de exclusión, sirviendo como herramienta de diagnóstico para intervenciones participativas. Estas herramientas se relacionan con la observación participante, no participante y sistemática, dado que documentan comportamientos cotidianos sin depender de los relatos gracias a grabaciones y fichas de conteo (Seamon & Gill, 2016), evidenciando patrones de uso, tiempo de permanencia, usos simultáneos y conflictos emergentes. Estos datos permiten validar narrativas, identificar flujos circulatorios o presencias inesperadas, y reforzar análisis en torno a la accesibilidad, inclusividad y sostenibilidad socioambiental.
Pensando ahora en evaluaciones grupales, los grupos focales ofrecen diálogos reflexivos donde se discuten colectivamente experiencias, expectativas y necesidades. Su efectividad radica en diagnósticos previos, como en procesos de reflexión tras intervenciones o planes de mejora (Campos & Ortiz, 2021), permitiendo escuchar voces que construyen visiones colectivas significativas. Khalilollahi et al. (2024) combinaron la técnica de grupos focales con recorridos acompañados, hallando que los elementos naturales en el diseño motivaban la interacción social y conductas de juego en población infantil. Pike et al. (2025), argumentan que estas técnicas sirven para analizar el impacto de la infraestructura urbana verde y el entendimiento de políticas públicas de corte ambiental.
Dentro de una escala menor como jardines o corredores verdes, las bitácoras espaciales, registros personales en diarios escritos, fotográficos o digitales, capturan la experiencia prolongada de los usuarios a través de reflexiones que revelan vínculos emocionales a lo largo del tiempo (Clément, 2018), permitiendo estudiar los sentidos de pertenencia y cuidado del entorno, y sirviendo en proyectos de sostenibilidad o en programas de educación ambiental. En la Tabla 4 se presenta una comparación de las ventajas de estas técnicas de investigación CL.

Fuente: Elaboración propia.
Lo presentado en la Tabla 4 demuestra que la articulación de estas técnicas en diferentes escalas puede ofrecer un enfoque coherente de análisis donde: 1) las entrevistas caminadas y mapas cognitivos inciden en la escala del recorrido personal, 2) la observación sistemática y los grupos focales operan en dimensiones intermedias, y 3) las bitácoras profundizan en la experiencia prolongada e íntima del lugar. Este diseño metodológico escalonado visibiliza las tensiones y convergencias entre elementos objetivos y subjetivos al explorar cómo distintas cohortes utilizan el espacio, identificando brechas funcionales o simbólicas en relación con el diseño, y favoreciendo un conocimiento transversal que articula dimensiones sensoriales, sociofísicas, relacionales y comunitarias.
Por tanto, el uso articulado de metodologías CL constituye un repertorio robusto y flexible para analizar la NUP, permitiendo investigar las experiencias vividas, sus escalas, sentidos emocionales y valores simbólicos; constituyendo una herramienta eficaz para que urbanistas, arquitectos, paisajistas, psicólogos ambientales y todos aquellos interesados en el estudio y análisis del diseño UAP, desarrollen entornos restauradores, inclusivos, sostenibles y contextualizados en la vida cotidiana moderna.
Conclusiones
La restauración ambiental urbana demanda una reconceptualización profunda del papel que desempeñan la NUP en la configuración del bienestar subjetivo en las ciudades, a través de sus propuestas de diseño UAP. Este artículo ha argumentado que los entornos naturales no pueden ser concebidos únicamente como elementos decorativos o dispositivos funcionales, sino como escenarios complejos donde se entrelazan dimensiones ecológicas, sociales, simbólicas y afectivas, evidenciando la importancia de integrar marcos conceptuales de la psicología ambiental con metodologías CL, para indagar en la experiencia restauradora urbana y su impacto en el bienestar biopsicosocial.
Los hallazgos teóricos y propuestas metodológicas analizadas refuerzan la necesidad de superar visiones técnicas o simplificadas del verde urbano, para transitar hacia una comprensión sensible del espacio público verde como infraestructura emocional y social. Esta transición solo es posible desde la transdisciplina donde se puedan integrar enfoques metodológicos que recuperen vivencias, memorias, apropiaciones, transacciones, significados y el sentido de lugar que los usuarios construyen con su entorno cotidiano, enriqueciendo la producción académica, la práctica proyectual de urbanistas, arquitectos y paisajistas, así como el desarrollo de políticas públicas tan necesarias para la recuperación, reordenamiento y creación de mejores espacios públicos verdes. Asimismo, se destacó la importancia de incorporar la visión comunitaria en los principios de diseño como condiciones necesarias para generar espacios restauradores inclusivos, culturalmente situados y ambientalmente resilientes. Desde esta perspectiva, el bienestar subjetivo es un objetivo explícito de una planificación y desarrollo territorial orientados a garantizar una justicia espacial que reconozca el derecho de la NUP como elemento constitutivo de la ciudad.
De esta manera, el conjunto de elementos analíticos provenientes de diversos campos del conocimiento en el quehacer de la investigación básica y aplicada hoy día, resulta en una visión por demás necesaria gracias al enriquecimiento teórico, conceptual, analítico y metodológico, que fortalece las estructuras epistemológicas internas de todos los campos de la ciencia, que va desde las exactas, biológicas, del comportamiento y por supuesto sociales; categoría donde podemos ubicar y reconocer los interés del diseño. En este sentido, las posturas de la psicología ambiental -y por extensión de la psicología social-, robustecen el aparato crítico de los campos del diseño UAP en sus dimensiones teóricas, metodológicas y de praxis, al dotar de una lente analítica cuyo interés primigenio radica en la condición humana. Así, y al recordar que el sentido de todo ambiente antropogénico nace de la necesidad y experiencia de nuestra especie, la inclusión de fenómenos -variables- comportamentales, anímicos y de salud pública, en los estudios socioambientales y espaciales desde los campos del diseño, resulta en una suerte de requerimiento, más que de una opción.
Es así que los estudios urbanos se ven altamente favorecidos gracias a la constitución de una dimensión holística que tenga la capacidad de considerar aquellos elementos concernientes -y de trascendencia explicativa-, en el funcionamiento, permeabilidad y procesos evolutivos de los entornos diseñados; en este caso, de las ciudades y sus componentes como lo son las áreas verdes urbanas. De ahí que los estudios de carácter psicosocial y ambiental son vitales para el emergimiento de aproximaciones y acercamientos de mayor fidelidad respecto de, los objetos y objetivos de estudio del diseño UAP.
En suma, pensar la restauración ambiental urbana desde la psicología ambiental implica no solo teorizar sobre los beneficios psicológicos del contacto con la naturaleza, sino también cuestionar los modelos actuales de producción espacial, a partir de la proposición de teorías y metodologías integradoras que permitan diseñar entornos urbanos que puedan responder coherente y eficazmente a las necesidades humanas, ecológicas y simbólicas de la vida contemporánea. Esta visión no pretende imponer una receta única, sino abrir una conversación crítica y situada sobre cómo es posible diseñar ciudades más humanas, restauradoras y sostenibles. Tres requerimientos indispensables en estos tiempos.
Referencias
Akpinar, A. (2021). How perceived sensory dimensions of urban green spaces are associated with teenagers’ perceived restoration, stress, and mental health?. Landscape and urban planning, 214. https://doi. org/10.1016/j.landurbplan.2021.104185
Aleksandrowicz, O., & Pearlmutter, D. (2023). The significance of shade provision in reducing street-level summer heat stress in a hot Mediterranean climate. Landscape and urban planning, 229. https://doi. org/10.1016/j.landurbplan.2022.104588
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